Quizás no tuve el valor de correr hasta encontrarte de nuevo. Puede que por eso mire tanto desde mi ventana a la tuya, aunque nunca llego. He obligado a mis pies ha cambiar de recorrido y a mi cabeza a intentar no odiarte. Me exijo desde dentro desdén y fuerzas para echarte de mi vida, echándote de menos cuando respiro... y eso que vivo del aire. Aire que compartíamos al estar tan cerca y el culpable junto a ti de todos mis suspiros. Vivo de ese aire y del viento frío en la cara. Vivo del aire de tus palabras y del provocado por todos los movimientos de tu espalda. Del aire contaminado por tus pitillos y tus maneras a la vez. Me falta ya aire para explicarte lo que quise y fuerzas para dejar de quererte otra vez.
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