Cuando vuelvo a casa me suelen salir solas las palabras, y ya sabes que eres tú.
Dejame parar de pensar en el qué y el porqué, pues tu cabeza es una elípsis de ideas, de un lado a otro sin pasar por mi. O quizás si.
Es continuo, ¿Qué hago si no te pienso, o si no te imagino aquí conmigo?
Dejame pasar más noches en tu almohada, y yo te dejo que me acaricies la espalda. Así con cuidado y que me abraces muy fuerte, mueva hacía donde me mueva. Tus brazos sobre mi. Oír tu respiración, que se junta con la mía. Tu aliento en mi nuca. Que apoyes la cabeza en mi hombro y que te despiertes y te rías conmigo. Y me vuelvas ha abrazar y a tocarme el pelo.Y yo en tu pecho.
Contigo estoy bien, si. Desde ese "tengo ganas de estar contigo" al "te apuesto un beso". Desde los atardeceres naranjas y el viento en la cara. De mi cintura a tus palabras y a mi silencio, eterno por mirarte y no saber que piensas. Si tubieras algo claro, o si no fuera todo tan raro. Como tu y yo. Si me dejaras no pensar tanto en ti y dejarme creer que no me equivoco todo el rato.
Y al final vivimos de ideas, yo sobre ti. Como yo del viento en la cara y de los suspiros de tu boca, de tus miedos que se hacen a los mios y de sentirte tanto. Quizás siempre fue ese el problema.
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